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Análisis de la nueva Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) de Chile ante la CMNUCC

Autores: Andrés Pica-Téllez, Sebastián Vicuña, Eduardo Bustos, Luis Cifuentes, Francisco Meza, Horacio Gilabert, Aurora Gaxiola, Pablo Marquet, Juan Pablo Montero.

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Resumen:

Las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC por sus siglas en inglés) son compromisos voluntarios en términos de acción climática que toman los países (partes) en el marco del Acuerdo de París. La NDC es un mecanismo que permite avanzar en la dirección de una meta global que permita limitar el calentamiento global a 2°C, e idealmente a menos de 1,5°C respecto a la era pre-industrial. Este mecanismo, dadas sus características voluntarias, no garantiza que esta meta se cumpla. En la actualidad la suma de las reducciones comprometidas al año 2016 no es suficiente para lograr la meta propuesta, según el conocimiento actualmente disponible. Adicionalmente el desafío de reducción de emisiones va aumentando en la medida que se actualiza el conocimiento del sistema climático terrestre y la demora en la implementación de acciones de reducción de emisiones globalmente. Debido a este dinamismo, y a la necesidad de acelerar la implementación de acciones, es que se requiere que las NDC sean actualizadas cada 5 años, considerando compromisos igual o más ambiciosos que los incluidos en las versiones anteriores.

Este año 2020 corresponde la primera actualización de la NDC de Chile desde la firma del Acuerdo de París de 2015. En este contexto, el pasado 7 de abril Chile presentó su propuesta de actualización a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. En el presente documento se plantea un análisis comparativo de los compromisos de mitigación y adaptación contenidos en este proceso de actualización de 2020 respecto a su primera versión del 2015.

De este análisis se ven varios indicios que apuntan a un compromiso de nuestro país más ambicioso y, a la vez, más fácil de seguir y monitorear respecto al anterior. Se destaca que los compromisos presentados el 2020 son totalmente incondicionales, mientras que la versión 2015 planteaba condiciones para el cumplimiento de la mayoría de sus compromisos. Se modifica además el formato del compromiso de mitigación hacia una métrica de emisiones absolutas, incluyéndose también un año peak y la consideración de un presupuesto de carbono. Por otra parte, la NDC 2020 incluye un compromiso adicional inédito en términos de emisiones de carbono negro, el principal contaminante climático de vida corta. Las emisiones de carbono negro provienen mayoritariamente de la quema de biomasa y de la combustión de diésel en el transporte y por tanto una reducción en sus emisiones permite alcanzar adicionalmente el objetivo de reducción de las concentraciones ambientales de material particulado fino, lo que produce importantes beneficios sociales por la mejora de la salud de la población.

Con respecto del compromiso del sector UTCUTS (Uso de la Tierra, Cambio de Uso de la Tierra y Silvicultura) también se observa una mayor contribución. Al igual que en mitigación, las metas son más ambiciosas y el compromiso es incondicional, a diferencia de la situación en la NDC 2015. En esta nueva versión se duplican los esfuerzos en términos de su meta y, adicionalmente, se agregó un compromiso que implica reducir en un 25% la degradación y deforestación del bosque nativo. Pese a estas mejoras, se mantiene la posibilidad de forestar, hasta 130.000 ha con especies exóticas, lo cual no es recomendable ya que genera externalidades negativas en ámbitos como la biodiversidad, ciclo hidrológico, manejo del fuego, y sobre sistemas socio-ecológicos donde se emplazan.

La implementación de la NDC comprometida, si bien traería importantes beneficios netos en términos económicos, sociales y ambientales, implica también importantes desafíos y requerimientos de flujo de capital, transferencia tecnológica y diseño de políticas públicas apropiadas. De avanzar adecuadamente Chile se posicionaría en la senda de la carbono neutralidad, contribuyendo directamente a lograr los objetivos del Acuerdo de Paris.

En términos de adaptación esta actualización considera también importantes avances respecto a la NDC de 2015. Mientras la versión original consideraba principalmente compromisos en el ámbito de políticas, estrategias y planes, su actualización en 2020 considera también compromisos en áreas específicas de ‘agua y saneamiento’ y ‘gestión del riesgo de desastre’ definidas como de mayor urgencia en la acción climática. Si bien esta bajada a temas específicos se considera un avance, junto con la inclusión de una mirada a los territorios mediante el desarrollo de Planes Regionales, aún es incipiente la consideración explícita de métricas de efectividad de las acciones de adaptación.

Un aspecto muy interesante y que genera oportunidades de vinculación para los esfuerzos de mitigación y adaptación, es la inclusión de ‘compromisos de Integración’ para los ámbitos de océanos y humedales costeros, turberas, bosques y economía circular. La explicitación de los co-beneficios que genera la conservación y protección de ecosistemas naturales es un avance, generando la oportunidad futura de incluir otros sistemas relevantes como el ecosistema mediterráneo en Chile central y moverse hacia un mayor énfasis en las soluciones basadas en la naturaleza o biodiversidad.

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