Los eventos de precipitación de 2026, particularmente en Atacama y Coquimbo, han tenido consecuencias humanas, sociales y materiales severas. Al mismo tiempo, desde la perspectiva de los recursos hídricos, las mismas precipitaciones y nevadas han generado una recuperación importante de reservas en territorios que venían de años de escasez.
La recuperación es territorialmente desigual y debe leerse en perspectiva temporal. La megasequía afectó a Chile central a partir del año 2010 (con cierres por definir todavía) y dejó una condición de estrés hídrico que no desaparece automáticamente con uno o dos inviernos favorables (Boisier et al., 2025; Garreaud et al., 2025). El trienio 2024–2026 ilustra bien esa memoria hidrológica: mientras algunos embalses pequeños o medianos responden rápidamente, grandes reservorios siguen reflejando condiciones acumuladas, aportes y decisiones de operación.
En 2026 la señal cambia con fuerza en Atacama y Coquimbo, donde se observan anomalías de precipitación extraordinarias y varios embalses presentan recuperaciones sustantivas. Hacia Chile central y centro-sur la señal pluviométrica es más heterogénea y algunos grandes reservorios permanecen en niveles moderados o bajos.
Para la primavera, el pronóstico estacional CCSR/IRI favorece precipitación sobre lo normal en sectores de Chile central, pero debe interpretarse como una probabilidad sobre el acumulado trimestral y no como un pronóstico de tormentas. La importante reserva nival de 2026 es favorable para la disponibilidad de agua, aunque obliga a vigilar intensidad de eventos, temperatura e isoterma cero.
A comienzos de septiembre, y casi al final del invierno austral, la primera lectura del año 2026 en materia hídrica debe primero reconocer la dimensión de desastre de varios sistemas frontales que afectaron al norte y centro-norte del país. Las crecidas y aluviones dañaron viviendas, caminos, infraestructura y obras de riego, y obligaron a desplegar respuestas de emergencia. El beneficio posterior en términos de reservas de agua no elimina ni compensa esos impactos: ambas dimensiones deben comunicarse simultáneamente.
Desde la perspectiva hidrológica, 2026 ha sido particularmente excepcional en Atacama y Coquimbo. De acuerdo a un análisis de algunas estaciones seleccionadas, los acumulados a fines de agosto superan ampliamente el promedio 1991–2020; Valparaíso también presenta superávit en Los Aromos (+30,6%), mientras que más al sur la situación se vuelve progresivamente más heterogénea (Figura 1). La DGA reporta que 59 de 76 estaciones consideradas presentan superávit, y que las 21 estaciones de la macrozona norte están sobre su promedio histórico.
Figura 1. Anomalía de precipitación acumulada al 24 de agosto de 2026 en estaciones seleccionadas.

Nota. La anomalía se calcula como (precipitación acumulada / promedio histórico acumulado 1991–2020 a la fecha de corte del boletín − 1) × 100, usando los valores publicados por la DGA. El boletín DGA 2026 visualiza como +100% los superávits mayores a ese umbral; aquí se muestra el valor aritmético para conservar la magnitud relativa. Fuente: elaboración CCG-UC con datos DGA (2026).
La lluvia y la acumulación nival describen principalmente la condición del año. Los embalses, en cambio, integran aportes, pérdidas, usos y decisiones operacionales durante meses o años; los acuíferos pueden tener una memoria aún mayor. Esta diferencia es especialmente relevante después de la megasequía. Boisier et al. (2025) caracterizan el período 2010–2022 como una sequía sin precedentes recientes en muchas regiones de Chile y muestran que el estrés hídrico depende de la interacción entre disponibilidad y uso de agua. Garreaud et al. (2025) también sitúan la Megasequía en 2010–2022 y destacan dentro de ella episodios de hipersequía particularmente severos.
Mirar sólo 2026 puede, por tanto, sobreestimar la rapidez de la recuperación. El trienio 2024–2026 muestra cambios espaciales importantes: en 2024 la zona central tuvo un invierno relativamente favorable mientras el norte mantenía déficits en varias estaciones; en 2025 predominó nuevamente el déficit en gran parte de la zona central, aunque Coquimbo mostró situaciones mixtas; y en 2026 la señal se desplaza con fuerza hacia superávits extraordinarios en Atacama y Coquimbo. La Tabla 1 resume esta evolución junto con el estado de embalses representativos.
Tabla 1. Evolución 2024–2026 de precipitación y almacenamiento en sistemas seleccionados
| Id | Región | Estación / embalse | Anomalía precipitación acumulada | Estado Embalse Mm³ (% cap.) |
||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Ago-24 | Ago-25 | Ago-26 | Ago-24 | Ago-25 | Ago-26 | |||
| 1 | Atacama | Copiapó / Lautaro | -24,3% | -77,5% | +98,8% | 4,5 (17%) | 5,5 (21%) | 10,0 (44%) |
| 2 | Atacama | Vallenar / Santa Juana | -47,6% | +48,8% | +452,9% | 89,2 (54%) | 116,5 (70%) | 124,5 (75%) |
| 3 | Coquimbo | La Serena / Puclaro | -3,9% | +53,0% | +123,7% | 29,8 (14%) | 44,3 (21%) | 62,5 (30%) |
| 4 | Coquimbo | Recoleta Emb. / Recoleta | +65,1% | -19,4% | +165,6% | 16,0 (16%) | 21,0 (21%) | 100,0 (100%) |
| 5 | Coquimbo | Paloma Emb. / La Paloma | +67,6% | -68,3% | +147,7% | 57,3 (8%) | 71,1 (9%) | 304,7 (41%) |
| 6 | Valparaiso | Los Aromos / Los Aromos | +27,4% | -18,2% | +30,6% | 35,9 (102%) | 35,0 (100%) | 33,3 (95%) |
| 7 | Metropolitana | Santiago (MOP) / El Yeso | +45,8% | -20,8% | -11,9% | 180,2 (82%) | 185,5 (84%) | 144,9 (66%) |
| 8 | Maule | Talca UC / Laguna del Maule | -20,7% | -42,5% | -4,5% | 678,7 (48%) | 762,8 (54%) | 676,1 (50%) |
| 9 | Biobío | Concepción / Lago Laja | -21,4% | -34,8% | -23,6% | 1.883,4 (34%) | 1.445,3 (26%) | 1.231,8 (22%) |
El contraste Recoleta–La Paloma resume la idea. Ambos pertenecen al sistema Limarí y muestran una recuperación muy marcada en 2026: Recoleta alcanza 100% de su capacidad, mientras La Paloma pasa desde alrededor de 9% en agosto de 2025 a cerca de 41% en 2026. La recuperación es real y muy significativa, pero su expresión porcentual depende del tamaño, condición inicial y operación de cada reservorio.
Figura 2. Volumen almacenado como porcentaje de la capacidad reportada en los boletines DGA de agosto de 2024, 2025 y 2026.

Nota. Los ocho embalses son los mismos incluidos en la Tabla 1. Los porcentajes usan la capacidad reportada en el boletín correspondiente a cada año. Fuente: elaboración CCG-UC con datos DGA (2024, 2025, 2026).
Hacia el centro y sur, El Yeso, Laguna del Maule y Lago Laja muestran que la lectura debe incorporar tamaño, usos y operación. Los reservorios hidroeléctricos y multipropósito no pueden interpretarse sólo como una respuesta pasiva a la lluvia. La misma cautela es aún más importante para los acuíferos: un año lluvioso no implica necesariamente una recarga equivalente ni una recuperación inmediata de niveles subterráneos.
La nieve acumulada constituye una reserva favorable para los caudales de deshielo y para la disponibilidad de agua durante primavera y comienzos del verano. Al 24 de agosto, la red reportada por la DGA muestra, en promedio, un superávit de 76% en altura de nieve y de 64% en equivalente en agua respecto de valores históricos. Sin embargo, no sólo importa cuánto se acumuló, sino cómo se produzca el deshielo. Temperaturas elevadas pueden adelantar la liberación de agua, y una lluvia cálida con isoterma cero alta puede sumar precipitación líquida y fusión de nieve, generando respuestas rápidas de caudal.
El pronóstico estacional CCSR/IRI emitido en agosto para septiembre–octubre–noviembre (SON) 2026 muestra una señal espacial compleja. En sectores de Chile central la categoría “sobre lo normal” aparece favorecida, mientras otras zonas presentan probabilidades climatológicas o una señal seca. El producto combina información multimodelo y expresa probabilidades respecto de la climatología 1991–2020; por ello debe leerse espacialmente y no reducirse a una afirmación única para todo Chile (CCSR/IRI, 2026).
Figura 3. Pronóstico probabilístico multimodelo de precipitación para septiembre–octubre–noviembre de 2026, emitido en agosto de 2026.

Nota. Azul: categoría sobre lo normal favorecida; amarillo–café: bajo lo normal; blanco: probabilidades climatológicas. Climatología 1991–2020. Fuente: CCSR/IRI (2026), Seasonal Climate Forecasts, Columbia Climate School.
El pronóstico estacional no predice la ocurrencia de una tormenta específica. Una primavera que termine cerca o incluso bajo el promedio puede contener uno o más episodios intensos. Para la gestión del riesgo, los pronósticos de corto plazo sobre intensidad, duración, temperatura e isoterma cero serán más relevantes a medida que se acerque cada evento. El contexto ENSO tampoco debe traducirse mecánicamente como “más lluvia en Chile”: su influencia depende de la estación, ubicación y circulación atmosférica.
La lectura 2024–2026 confirma que 2026 representa una recuperación meteorológica e hidrológica muy relevante en algunas cuencas, especialmente de Atacama y Coquimbo, pero no un borrado instantáneo del estrés hídrico acumulado. Los impactos de los temporales deben reconocerse primero; luego, desde la gestión hídrica, el desafío es aprovechar la recarga y el almacenamiento adicional. Hacia la primavera, la reserva nival y la señal estacional de precipitación en sectores de Chile central son relevantes para la disponibilidad de agua, pero también exigen vigilancia de la intensidad de los eventos, temperatura e isoterma cero.
Los datos se comparan en fechas cercanas a fines de agosto, no idénticas. Para precipitación, cada anomalía se refiere al promedio histórico acumulado 1991–2020 a la fecha de corte del respectivo boletín DGA; no se utiliza un único valor normal fijo para los tres años. Las asociaciones estación–embalse son descriptivas y no implican causalidad directa. El almacenamiento depende de aportes de toda la cuenca, nieve, extracciones, reglas de operación y usos. En 2026 la DGA actualizó la capacidad reportada de algunos embalses; por ello los porcentajes se calculan con la capacidad publicada en cada boletín anual.